1983

Había una vez una familia llamada Bollati, en Parma, Italia. Ellos tenían una visión, hacer productos sostenibles para el cuidado del cabello. Comenzaron en su garaje, e hicieron justo eso.

1993

En 1993, nacieron sus primeros productos con el logotipo de Davines, una combinación de letras de los nombres los hermanos Davide y Stefania. La familia siempre buscó la armonía entre la ciencia y la naturaleza. El laboratorio y los químicos de la marca se apasionaron con esta búsqueda. Davide, siempre impulsado por su pasión por los viajes, buscó inspiración en el mundo, y Davines se convirtió en la marca culturalmente diversa, hecha en Italia, que es hoy en día.

La pequeña marca de Parma finalmente abrió oficinas en varias ciudades de todo el mundo. Siempre tratando de refinar su filosofía, finalmente llegaron al lema de Belleza sostenible. Dos palabras, yuxtapuestas, tenían tanta importancia que Davines escribió un manifiesto sobre la expresión de ideales como “libertad de expresión”, “curiosidad multicultural”, “transparencia” y “colaboración”. La humanidad y el respeto por el medio ambiente se hicieron cada vez más importantes, lo que llevó a la marca a hacer que la mayoría de sus productos fueran neutros en carbono.

A medida que se hizo más grande, se hizo cada vez más consciente de tener un impacto positivo en el mundo, de hacer lo posible para asumir la responsabilidad del planeta y mejorar el único lugar que todos llaman hogar.

2016

Entonces Davines se convirtió en una B CORP, o corporación de beneficios, para usar los negocios como una fuerza para el bien. Todo esto ayudó a la marca a encontrar su verdadero propósito: ser la mejor para el mundo, creadores de una buena vida para todos, a través de la belleza, la ética y la sostenibilidad.

2019

Después de años de soñar, la familia Bollati construyó la Villa Davines donde se elaboran todos los productos. Se abrió en el verano como la encarnación física de la belleza sostenible.

Esta breve historia familiar se lee como un cuento de hadas, pero a veces la fantasía y la realidad se unen para hacer algo bello y bueno. Sólo tienes que creer.